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PERSONAJES DE LA RADIO Y TELEVISIÓN. Argentina
LaNacion.Com / 2016-01-03

Antonio Carrizo fue un gran revolucionario de la radio en la Argentina y un protagonista decisivo de algunos de los grandes cambios de nuestra TV. Habrá que recordarlo también como un lector voraz, un extraordinario compañero de charlas y, sobre todo, como un cálido, entrañable, meticuloso y encendido divulgador de las manifestaciones culturales argentinas...---... RadioTvMéxico y Rafael BORBÖN Ramos retoman esta nota de La Nación...---... Hasta 2008 seguía con incansable vitalidad entregado a la pasión de su vida, la radio. Pero una rápida sucesión de infortunios en su salud aceleró el definitivo adiós. Sufrió ese año un primer ACV, episodio que se repitió poco después. Nunca pudo recuperarse y tuvo que alejarse de los medios y de los múltiples homenajes que, sobre todo desde la radio, se brindaron a su inigualable figura. Ayer falleció en una clínica porteña al agravarse su ya muy debilitada salud. Tenía 89 años. "Mi piel han sido los libros; mi memoria es General Villegas; mis ojos, todo lo que veo; el escenario de mi vida en Buenos Aires, el bar restaurante El Rody, La Biela y mis amigos; mi manicomio, el palco de Boca. Se me mueven los huesos con las orquestas de Di Sarli y Troilo y con las voces de Floreal Ruiz, del Polaco Goyeneche, del cabezón Castillo. Lloro con ellos", dijo en octubre de 2003 a la nacion. Ese autorretrato hubiese quedado vacío e incompleto sin mencionar la radio. "Me dio absolutamente todo. La vida y una forma de vida. Y, por qué negarlo, popularidad", completó. Ese larguísimo romance con la radio, todo un ejemplo de fidelidad, nació cuando Antonio Carrozzi Abascal -nacido en General Villegas en 1926- todavía no había cumplido 12 años y a una maestra le llamó la atención el modo en que recitó un poema de Olegario Víctor Andrade. Con el tiempo se convirtió en una suerte de voz oficial del lugar leyendo avisos por las calles a través de una propaladora y, más tarde, como presentador de orquestas, animador de bailes y maestro de ceremonias en los pueblos cercanos. En uno de ellos, su voz quedó grabada en la memoria del publicista porteño Mario Castignani, que lo invitó a probar suerte en las radios capitalinas. Llegó por primera vez a Del Pueblo, Belgrano y El Mundo, el "cielo de la radio", según sus palabras. Allí comenzó a hacer suplencias en 1948 (cuando adoptó definitivamente el nombre con el que todos lo conocemos) y llegó siete años después a ser jefe de programación. "A mí desde hace 30 años me vienen preguntando lo mismo, ¿a qué se debe el actual auge de la radio? La radio nunca dejó de tener auge", dijo una vez. Le faltó agregar que buena parte de esa vigencia lleva su impronta. Junto a Jorge Fontana, Carrizo fue el gran innovador del dial a partir de los años 60. Fernando Bravo lo explicó mejor que nadie en Días de radio: "Ellos les enseñaron a los locutores un valor agregado de la profesión: el de la animación, el de ser maestros de ceremonias y el de tener letra propia e improvisación, y eso abrió un rubro alternativo en nuestra carrera. En eso fueron revolucionarios". El gran laboratorio de esos notables cambios fue La vida y el canto, cumbre indiscutida de su trayectoria radiofónica. El propio Carrizo lo definía como un "programa de autor que despertó un matiz lúdico en mi vida, una forma de felicidad que se convierte en un estilo profesional. Allí también descubrí el mundo de los libros". Allí, junto al fútbol, las noticias, la lectura de avisos a la vieja usanza, las variantes del humor popular y juegos admirables como el "concurso de cantores" que armó imaginariamente a partir de selectas grabaciones recordando sus tiempos de animador de pueblo, llevó esa vocación literaria a la máxima expresión en Borges, el memorioso, libro surgido de un ciclo de conversaciones grabado en los estudios de Radio Rivadavia en 1979. Pionero en la televisión También fue indiscutido pionero en el mundo televisivo, aunque en 1951 estaba convencido de que ese aparato tardaría en ganar un espacio en los hogares. Nueve años más tarde, cuando ya era figura de la TV como presentador de ciclos muy populares, como El show de Ika, fue uno de los protagonistas de la transmisión inaugural de Canal 13, el 1° de octubre de 1960. Y supo permanecer desde allí en los primeros planos, sobre todo cuando Alejandro Romay lo convocó en 1964 para conducir por Canal 9 Sábados continuados y competir directamente con Pipo Mancera y sus Sábados circulares. Para darle al programa un sello digno de su personalidad, ensayó innovaciones que todavía se recuerdan, como aquella invitación al pintor Carlos Alonso para que se encontrara en el estudio con Palito Ortega e hiciera en tiempo real un retrato del entonces ídolo juvenil. Durante décadas pasó por todos los canales, condujo varios espacios informativos, presentó innumerables ciclos culturales y se animó a incursionar en otros terrenos, hasta los más extravagantes: llegó incluso en 1998 a conducir un ciclo ficticio con cámaras ocultas al servicio de Marcelo Tinelli en El show de Videomatch. A la vez, desplegó a lo largo del tiempo otra talentosa faceta como partenaire de grandes figuras cómicas, en un recorrido iniciado junto a Luis Sandrini (Felipe) y Niní Marshall y que concluyó en compañía de Juan Carlos Calabró. El contra fue un gran ejemplo de laboriosidad y colaboración en el armado de una rutina cómica. Seguidor incondicional de Boca, completó en los años 90 desde Tribuna caliente una presencia constante alrededor del fútbol por TV que tuvo en 1966 un episodio curioso, ya que Carrizo llegó a comprarle a la FIFA los derechos televisivos para la transmisión en nuestro país del Mundial de Inglaterra. Queda el recuerdo de Carrizo como un inspirado conversador en las memorables charlas que mantuvo con grandes figuras en Los grandes, ciclo televisivo de 1983/84, rescatado muchos años después por la señal Volver. También como una figura que podía moverse con igual comodidad como titular de la Federación Argentina de Ajedrez, agregado cultural en la embajada argentina en Madrid y conductor de un pequeño ciclo radial en una emisora zonal de frecuencia modulada en Quilmes, trabajo que lo entusiasmó durante los últimos años. Ya octogenario, mantenía la impronta vital y el espíritu de siempre en dos programas de Rivadavia (El locutorio y Sábado radio) y otro en la Radio 2x4 (Tangos y libros), además de algunas apariciones televisivas. Ya había entregado lo mejor de su talento. La radio (sobre todo) y la TV se lo seguirán agradeciendo.

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